top of page
Buscar

día 11

Mi Javierita, he pensado mucho en nosotros durante estos días. No para justificar cosas, sino para entenderlas. ¿En qué momento y por qué entramos en un círculo vicioso donde mis emociones terminaron bloqueando las tuyas, y donde las reacciones que me provocaban mis propias cargas comenzaron a afectar también cómo te sentías tú?

Lamento profundamente que a veces hayas sentido falta de amor, incomprensión o que tus emociones fueran invalidadas. Créeme que nunca quise que eso ocurriera. Y si hay algo de lo que no tengo dudas, es del inmenso amor que siento por ti.

Pero entonces, ¿qué pasó entre medio?

Esa es la pregunta que me he hecho todo este tiempo.

Lo que he logrado entender es que mentalmente llevaba años sintiéndome como si estuviera arriba de una locomotora de la que no podía bajar. Una locomotora que había partido mucho antes de conocerte y que venía cargando estrés crónico, preocupaciones económicas, culpa, frustración, pérdidas importantes y una sensación constante de tener que resolverlo todo. Y la ansiedad de fumar amplificaba todo.

Antes existían ciertas actividades que funcionaban como válvulas de escape y me permitían recuperar equilibrio. Con el tiempo fui perdiendo esos espacios y terminé viviendo en un estado permanente de alerta. Mi cabeza estaba siempre ocupada pensando en cómo solucionar el siguiente problema, incluso cuando no existía una solución inmediata.

Por eso muchas veces no lograba estar en el mismo plano emocional que tú. No porque sintiera el amor de una forma distinta, sino porque gran parte de mi energía estaba destinada a sostener cosas que sentía que se estaban derrumbando.

Hoy, con más tranquilidad y habiéndome bajado por fin de esa locomotora, puedo decirte algo que siempre sentí.

Eres una persona genial, TREMENDA, en el amplio sentido de la palabra.

Contigo me sentí cómodo desde el primer día. Nunca tuve que aparentar quién era. Nunca tuve que esconder mis tonteras, mis payasadas o las partes más auténticas de mí. Desde el comienzo hubo una conexión que me hizo sentir aceptado, comprendido y querido.

Y justamente por eso fue tan paradójico.

Un amor inmenso apareció en una etapa donde yo tenía cada vez menos espacio emocional disponible para vivirlo de la manera que merecía.

Me conociste quizás en el momento más difícil de mi vida. En una etapa donde las cargas que venía arrastrando se volvieron cada vez más pesadas y donde, por distintas razones, no lograba soltarlas. Hasta ahora que por fin lo logré.

Desde pequeño aprendí a resolver mis problemas solo. Crecí en una familia más racional que emocional, donde rara vez compartíamos lo que sentíamos. Nunca aprendí realmente a apoyarme en otros cuando las cosas me sobrepasaban.

Mi gran conexión emocional durante muchos años estuvo en mi familia: los fines de semana con mis tíos, mis primos y mi abuelo. Cuando esa realidad cambió, sentí una pérdida enorme que nunca terminé de procesar completamente. Y como tampoco desarrollé amistades donde pudiera compartir profundamente mis emociones, terminé acostumbrándome a cargar con todo por mi cuenta.

Contigo logré avanzar más de lo que probablemente se veía desde afuera.

Mi familia nunca me vio llorar por la partida de mi abuelo. Tú sí. Mi familia y ni el psicologo de niño nunca supo del abuso, tu si.

Contigo encontré un espacio seguro para mostrar partes de mí que había mantenido guardadas durante años. Y por eso siempre te estaré agradecido.

Pero avanzar no significa haber aprendido completamente.

Aunque confiaba en ti y me sentía seguro contigo, todavía no sabía cómo compartir muchas de mis cargas. No era que no quisiera hacerlo. Tampoco era falta de confianza. Creo que simplemente llevaba demasiados años funcionando de una sola manera: resistiendo, absorbiendo y tratando de resolver. Había aprendido a soportar, pero no a apoyarme realmente en alguien más.

Mientras tanto seguía acumulando preocupaciones, estrés, frustraciones y responsabilidades. Poco a poco fui perdiendo la capacidad de disfrutar cosas que antes me hacían bien. Escuchar música, descansar o simplemente estar presente dejaron de sentirse naturales. Vivía constantemente pensando en lo siguiente que debía resolver.

Y aunque te tenía a mi lado, muchas veces me sentía solo dentro de mí mismo.

Con el tiempo eso empezó a afectar nuestra relación.

Tú necesitabas conexión emocional, compañía, cariño, tiempo compartido, sentirte priorizada y acompañada. Necesidades completamente legítimas. Pero muchas veces yo llegaba al final del día con la sensación de que primero tenía que ganar una batalla interna contra mi propia frustración antes de poder conectar con cualquier otra cosa.

Quizás querías ver una serie conmigo. Salir. Compartir con tu familia. Conversar sobre tu día. O simplemente sentir que yo estaba presente contigo.

Y aunque muchas veces quería hacerlo, mi cabeza seguía atrapada en pendientes, preocupaciones y problemas que sentía urgentes.

Desde afuera podía parecer indiferencia.

Desde adentro era agotamiento.

Y mientras yo vivía todo esto desde dentro, tú lo vivías desde un lugar completamente distinto.

Creo que hoy puedo imaginar un poco mejor cómo se debió sentir para ti.

Probablemente veías a una persona que te decía que te amaba, pero que muchas veces no estaba disponible cuando necesitabas sentir ese amor. Una persona que podía pasar horas pensando en problemas, trabajo o preocupaciones mientras tú simplemente querías compartir un momento juntos.

Debió ser confuso escuchar cuánto te amaba y al mismo tiempo sentir que muchas veces no lograbas encontrarme emocionalmente.

Imagino que más de una vez te preguntaste si el problema eras tú. Si estabas pidiendo demasiado. Si yo había dejado de sentir lo mismo. Si ya no me importaban las cosas que para ti eran importantes.

Y me duele pensar que conviviste con esas dudas.

Porque mientras yo sabía lo que estaba ocurriendo dentro de mí, tú sólo podías ver mis acciones. Y muchas veces mis acciones no reflejaban el amor que sentía.

Si te sentías sola estando acompañada, puedo entenderlo.

Si sentías que tenías que insistir para obtener atención, cariño o conexión, puedo entenderlo.

Si sentías frustración porque tus necesidades parecían quedar constantemente después de mis problemas, también puedo entenderlo.

Y creo que una de las cosas que más lamento es que muchas veces llegaste a mis emociones cuando ya estaban completamente saturadas. Entonces, cuando tú te acercabas buscando conexión, yo reaccionaba desde el cansancio, la preocupación o la frustración. No porque tus emociones fueran menos importantes, sino porque ya no me quedaban recursos emocionales para recibirlas de la forma que merecían.

Mirándolo hoy, entiendo que eso debió hacerte sentir muy sola en algunos momentos.

También puedo reconocer algo que durante mucho tiempo no vi con suficiente claridad: cuánto luchaste por nosotros.

Muchas de las conversaciones difíciles que tuvimos nacían de tu necesidad de salvar una conexión que sentías que se estaba debilitando. Lo que yo muchas veces percibía como crítica, probablemente también era dolor, miedo, frustración y el intento de recuperar algo que para ti era importante.

Hoy puedo ver que detrás de muchas de esas conversaciones había una mujer intentando acercarse a mí cuando yo me estaba alejando emocionalmente sin darme cuenta.

Y eso también debió ser tremendamente agotador para ti.

Cuando veía que estabas sufriendo por mi distancia emocional, no dejaba de importarme. Todo lo contrario. Me dolía profundamente. Me sentía culpable. Sentía que estaba fallándole a la persona más importante de mi vida.

Pero en lugar de acercarme más, esa culpa me hacía encerrarme todavía más en mí mismo.

Una parte de mí quería abrazarte, escucharte y reparar el daño que estaba provocando. Pero otra parte se sentía tan agotada, tan frustrada y tan insuficiente que terminaba refugiándose nuevamente en el mismo mecanismo de siempre: intentar resolver todo solo.

Y ahí fue donde creo que comenzó nuestro círculo vicioso.

Tú necesitabas más conexión porque te sentías distante de mí.

Yo me sentía cada vez más sobrepasado y con menos herramientas para entregarla.

Tú podías percibir indiferencia donde había agotamiento.

Yo podía percibir crítica donde había una necesidad profunda de amor y cercanía.

Tú intentabas acercarte porque tenías miedo de perder la conexión.

Yo me alejaba porque sentía que no tenía energía para responder de la forma que esperaba de mí mismo.

Y mientras más ocurría esto, más solos nos sentíamos ambos.

Creo que ninguno de los dos quería hacerle daño al otro.

Tú intentabas proteger el vínculo.

Yo intentaba sobrevivir a cosas que sentía que me estaban superando.

Y sin quererlo, terminamos haciéndonos daño en el camino.

Hoy, con más distancia y claridad, puedo ver muchas cosas que antes no veía.

Puedo ver formas en que intentaste acercarte a mí y que en ese momento no supe reconocer.

Puedo ver cuánto entregaste.

Cuánta paciencia tuviste.

Cuántas veces intentaste comunicar lo que sentías.

Cuántas veces seguiste apostando por nosotros incluso cuando estabas herida.

Y también puedo ver cuánto te debió doler encontrarte una y otra vez con alguien que te amaba profundamente, pero que no lograba estar emocionalmente presente de la forma que necesitabas.

No te escribo esto para convencerte de nada ni para que veas las cosas como yo las veo.

Tampoco para minimizar lo que sentiste.

Te lo escribo porque por primera vez siento que puedo entender una parte de lo que nos ocurrió sin culparte a ti ni culparme completamente a mí.

Creo que éramos dos personas que se amaban mucho, pero que estaban viviendo realidades emocionales muy distintas.

Y si algo quiero que te quede claro después de todo este tiempo, es que jamás hubo falta de amor.

Hubo cansancio.

Hubo estrés.

Hubo miedo.

Hubo culpa.

Hubo heridas que yo no estaba sabiendo gestionar.

Hubo una persona intentando sobrevivir mientras otra intentaba mantener viva la conexión entre ambos.

Pero amor nunca faltó.

Y si alguna vez te hice sentir poco querida, poco importante o poco comprendida, lamento profundamente haber contribuido a ese dolor.

Porque incluso hoy, al mirar hacia atrás, sigo pensando que eres una persona extraordinaria. Y aunque me duele todo aquello que no supe hacer mejor, nunca dejaré de agradecer haber compartido mi vida contigo y el amor que construimos juntos.

Y quizás la razón por la que me atrevo a escribirte todo esto hoy es porque, por primera vez en mucho tiempo, siento que ya no estoy arriba de esa locomotora.

Muchas de las cargas que durante años ocuparon mi mente y mi energía ya no están. Las preocupaciones económicas que me acompañaron durante tanto tiempo dejaron de tener el peso que tenían. El estrés crónico que se volvió parte de mi forma de vivir comenzó a desaparecer. Incluso hábitos que alimentaban esa ansiedad también quedaron atrás.

Y recién ahora estoy descubriendo algo que quizás debí aprender hace mucho tiempo: que vivir no puede consistir únicamente en resistir.

Por primera vez en años siento espacio para mirar hacia adentro, para escuchar mis emociones en lugar de intentar silenciarlas, y para reconocer cosas que antes no era capaz de ver con claridad.

No te digo esto porque crea que todo está resuelto.

Sería injusto pensar que años de heridas pueden desaparecer simplemente porque algunas de mis cargas desaparecieron.

Las heridas que nos dejamos existen.

Los aprendizajes pendientes también.

Pero sí siento que hoy estoy en un lugar distinto al de antes.

Un lugar desde el cual puedo responsabilizarme mejor de mis emociones.

Un lugar desde el cual puedo escuchar sin sentir que todo es una amenaza.

Un lugar desde el cual puedo construir, en vez de solamente sobrevivir.

Y quizás por eso también me atrevo a decir algo que durante mucho tiempo no habría podido decir con honestidad.

Si todavía existe una parte de ti que cree que vale la pena intentarlo, a mí me gustaría que no dejáramos que nuestra historia quedara definida únicamente por el momento más difícil que vivimos.

Me gustaría que pudiéramos explorar si existe una forma más sana de encontrarnos.

No desde la negación de lo que ocurrió.

Y tampoco desde la idea de que el amor por sí solo arregla las cosas.

Sino desde la madurez de dos personas que hoy entienden mucho mejor lo que les pasó.

Dos personas que pueden reconocer sus heridas, sus errores y sus necesidades.

Dos personas que pueden aprender herramientas que antes no tenían.

Porque si algo he aprendido en todo este proceso es que amar a alguien no siempre es suficiente. También hay que saber comunicarse, pedir ayuda, expresar lo que uno siente, escuchar al otro y construir espacios seguros para ambos.

Y creo que muchas de esas cosas son habilidades que se aprenden.

Por eso, si alguna vez sintieras que vale la pena recorrer ese camino, estaría dispuesto a hacerlo contigo. Incluso si eso significa pedir ayuda. Incluso si eso significa sentarnos con un terapeuta o un especialista que nos ayude a entender esos puntos que durante tanto tiempo no supimos conectar.

No porque estemos rotos.

Sino porque hubo partes de nosotros que se fueron desconectando mientras ambos intentábamos lidiar con nuestros propios dolores.

Y porque creo que buscar ayuda no sería una señal de fracaso.

Sería una señal de que ambos consideramos nuestra historia lo suficientemente valiosa como para intentar comprenderla mejor.

No sé cuál será el futuro.

No sé qué es lo que tú quieres.

Y no espero que esta carta responda todas las preguntas ni repare todo el daño.

Pero sí quiero que sepas algo.

Si alguna vez decidieras mirar hacia adelante conmigo, encontrarías a una persona muy distinta de aquella que vivía atrapada en esa locomotora.

Una persona que todavía tiene mucho que aprender, pero que por fin tiene el espacio, la energía y la disposición para hacerlo.

Y una persona que sigue creyendo que lo que construimos merece, al menos, la oportunidad de ser entendido desde un lugar más sano que aquel desde el que nos tocó vivirlo. Y aunque no sé qué camino elegiremos, hay una parte de mí que sigue creyendo que lo más bonito de nuestra historia todavía está por escribirse.

Te amo te amo te amo 💚

Atte tu chanchito


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Dia 15

Ya en Santiago, cansadito del viaje. Agradecido de ver a mi abuelita en buen estado y con ganas. Estos días en las siestas y noches soñé con ella. Ahora puedo dormir hasta tarde sin stress ni culpa. M

 
 
 
Dia 14

Dia en familia, de jugar a la pelota, comer completos y descansar en la parcela. Feliz por mis avances, puedo disfrutar del momento, sin stress y puedo analizar también la forma en que se relaciona mi

 
 
 
día 13: El más dificil de todos

No se por donde partir, he llorado mucho esta mañana, por una parte ayer sentí "tranquilidad" al ver que al final nos pudimos reír o compartir cositas cuando hablé con ella por teléfono, pero hoy la p

 
 
 

Comentarios


lu a vi     11 a 21:00 hrs
sabado    10 a 21:00 hrs
domingo   10 a 19:30 hrs

para servir y llevar

  • Instagram

DaGiardino.cl

bottom of page